|
Viernes 21 de Junio de 2002. Salimos muy temprano del buen albergue de
Santo Domingo de la Calzada. La mañana es muy fresca y con bastante niebla
y nos obliga a abrigarnos.
El camino es bueno a ratos y algo pedregoso otros ratos, pero el ambiente,
los peregrinos que adelantamos y la mañana neblinosa forman un cuadro
difícil de olvidar en mucho tiempo (si es que esto se puede olvidar alguna
vez).
Nada más pasar la Iglesia en Villafranca Montes de Oca comienza el ascenso
a la temida "Pedraja" aunque con paciencia y a pequeños tramos llevando la
bici "del morro" la vamos despachando como se merece. Parajes
impresionantes, sendas rodeadas de vegetación de multitud de colores,
canto de mil aves diferentes y la mañana, esto es impresionante.
Al descender La Pedraja nos encontramos en San Juan de Ortega y visitamos
su iglesia donde está el sepulcro del Santo, pero en esta maravillosa
mañana nadie iba a decir que en este momento empezaría uno de los pocos
problemas que habíamos de encontrar a lo largo de nuestra maravillosa
aventura.
Ya la alberguera de San Juan de Ortega, donde queríamos hacer noche, al
vernos en bici nos anima (cosa rara) a proseguir el camino según dice
...hasta el pueblo siguiente, que está cerca. Al parecer no le gustan nada
los peregrinos en bicicleta quizás no sabe del gran esfuerzo que hay que
realizar para llevar a cabo el camino en este medio, mayor del que se ha
de llevar a cabo para hacerlo en otros medios. Decidimos llegarnos hasta
Atapuerca y allí (salimos de Guatemala y llegamos a "Guatepeor") nos
recibe la alberguera de Atapuerca que aun hace amable a la de San Juan de
Ortega. Con muy malos modales y peor educación (cuando una persona habla
con otra no debe echarle los huesos de las cerezas que está comiendo) nos
dice que con bici no puede recoger a nadie en el albergue, y no nos da
mayor explicación. Gracias al propietario del bar de Atapuerca, con gran
desprendimiento y amabilidad nos aconseja (aun saliéndonos algo del Camino
de Santiago) llegarnos a Olmos de Atapuerca y allí de forma placentera y
agradable, pasamos una bonita velada y un reparador descanso.
Quiero terminar diciendo que para descanso de nuestra conciencia en Olmos
de Atapuerca encontramos un libro donde cada peregrino que le apetece
escribe sus impresiones del camino y en él vimos multitud de escritos
hablando de malas experiencias tenidas con la alberguera de Atapuerca.
Sería bueno que alguien pudiera solucionar este problema.
|